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LEGALIZACIÓN DEL USO DE LA MARIHUANA CON FINES MEDICINALES

El pasado 19 de junio se publicó en el Diario Oficial de la Federación (DOF) un decreto por el que se reforman y adicionan diversas disposiciones de la Ley General de Salud y del Código Penal Federal en torno al uso de la Marihuana. Dichas modificaciones entraron en vigor este martes y establecen que los productos que contengan derivados de la cannabis en concentraciones del 1% o menores de tetrahidrocannabinol (THC) y que tengan amplios usos industriales, podrán comercializarse, exportarse e importarse cumpliendo los requisitos establecidos en la regulación sanitaria. También se establece que la siembra, cultivo o cosecha de plantas de marihuana no será punible cuando estas actividades se lleven a cabo con fines médicos y científicos. Para tales fines, la Secretaría de Salud tendrá 180 días para armonizar los reglamentos y normatividad en el uso terapéutico del THC y sus variantes estereoquímicas.

 

La marihuana es la droga ilícita más consumida a nivel global (OMS, 2014). Existen alrededor de 400 compuestos en la planta, de los cuales 60 son cannabinoides. El THC se considera el ingrediente psicoactivo más importante de la marihuana (Welch, 2005). Esta droga puede tener efectos depresores, analgésicos, sedativos y ansiolíticos. Un meta análisis de las investigaciones más recientes ha encontrado que la cannabis parece tener un efecto dual dependiente de la dosis y la pauta de administración. Pues se ha descrito que niveles elevados de marihuana en el cuerpo suelen inducir efectos inhibitorios, mientras que concentraciones bajas tienen efectos estimulantes (Sarne et al., 2011). Por lo que, es importante señalar que la concentración de THC puede variar de acuerdo a su origen, oscilando entre el 1% y el 20% en el cigarro de marihuana, del 10% al 20% en el hachís, o del 15 y hasta el 30% en el aceite de hachís (Ashton, 2001). Y aunque comúnmente el uso de la marihuana es con fines recreativos, también se le han atribuido efectos medicinales. Hace ya bastante tiempo se había sugerido el uso del THC con éstos fines. Un meta análisis de publicaciones científicas sobre el tema, encontró que la evidencia apoya el uso selectivo de preparaciones puras de THC para tratar algunos efectos secundarios de la quimioterapia del cáncer, o para estimular el apetito. Sin embargo, el mismo estudio declara que, la evidencia bajo ninguna circunstancia apoya la reclasificación de la marihuana como medicamento prescrito (Voth y Schwartz, 1997). Una encuesta a científicos especialistas por parte de la prestigiosa revista científica New England Journal of Medicine encontró que la mayoría de los médicos recomendaría el uso de la marihuana medicinal bajo ciertas circunstancias. Sin embargo, un gran número de voces de todos los campos pidió más investigación científica para alimentar la discusión del tema con evidencia experimental sólida (Adler y Colbert, 2013). Recientemente se publicó un artículo en la revista Nature Medicine en donde los investigadores encontraron que la administración crónica (28 días) de microdosis de THC (3mg/kg/día) revirtió el deterioro cognitivo asociado a la edad en ratones viejos, incrementando su ejecución en tareas de memoria visoespacial, memoria a largo plazo y aprendizaje en comparación al grupo control. Los autores terminan concluyendo que las preparaciones de cannabis y THC que se utilizan con fines medicinales tienen un excelente historial de seguridad y no producen efectos secundarios adversos cuando se administran a dosis bajas a personas mayores. Por lo tanto, el tratamiento crónico de dosis bajas con THC o extractos de cannabis podría ser una estrategia potencial para frenar o incluso para revertir el deterioro cognitivo en los ancianos (Bilkei-Gorzo et al., 2017).

 

Dicho lo anterior, también es importante señalar que se ha reportado que el THC puede producir neurotoxicidad e inducir a la muerte neuronal (Chan et al., 1998; Campbell, 2001). Por ejemplo, en cultivos neuronales del hipocampo, una zona del cerebro asociada con memoria y aprendizaje, se encontró que el THC producía muerte celular, lo que podría explicar las alteraciones de memoria después de un consumo prolongado y constante de marihuana en humanos (Chan et al., 1998). Se ha reportado que, en consumidores crónicos de marihuana, el rendimiento en pruebas de atención, memoria y procesamiento de información compleja se ve disminuido durante semanas, meses e incluso años después de haber abandonado su consumo (Solowij, 2006). Recientemente se descubrieron alteraciones en la calidad de la toma de decisiones, y planeación ejecutiva en adultos jóvenes que consumían cannabis más de una vez por semana durante al menos los últimos 12 meses (Grant et al., 2012).

 

En conclusión y como el propio lector podrá deducir, aun no existe evidencia sólida suficiente para establecer con certeza las condiciones, dosis, pautas de tratamiento o tipo de enfermedades en las que el uso del cannabis y sus derivados (principalmente el THC) pueden tener usos medicinales. Lo que queda claro, es que la modificación a la ley del pasado 19 de junio, ayudará a incrementar la calidad y cantidad de investigación científica en el área, lo que permitirá esclarecer el panorama respecto a ésta cuestión y así tomar la mejor decisión.

 

REFERENCIAS

Adler, J. N., & Colbert, J. A. (2013). Medicinal use of marijuana—polling results. New England Journal of Medicine, 368(22), 866-868.

Ashton, C. H. (2001). Pharmacology and effects of cannabis: a brief review. The British Journal of Psychiatry, 178: 101-106.

Bilkei-Gorzo, A., Albayram, O., Draffehn, A., Michel, K., Piyanova, A., Oppenheimer, H., … & Bab, I. (2017). A chronic low dose of [Delta] 9-tetrahydrocannabinol (THC) restores cognitive function in old mice. Nature Medicine.

Campbell, V. A. (2001). Tetrahydrocannabinol-induced apoptosis of cultured cortical neurones is associated with cytochrome c release and caspase-3 activation. Neuropharmacology, 40: 702-709.

Chan, G. C. K., Hinds, T. R., Impey, S., & Storm, D. R. (1998). Hippocampal neurotoxicity of Δ9-tetrahydrocannabinol. The Journal of neuroscience, 18: 5322-5332.

Grant, J. E., Chamberlain, S. R., Schreiber, L., & Odlaug, B. L. (2012). Neuropsychological deficits associated with cannabis use in young adults. Drug and alcohol dependence, 121: 159-162.

Organización Mundial de la Salud (2014). World Drug Report 2014. United Nations publication.

Sarne, Y., Asaf, F., Fishbein, M., Gafni, M., & Keren, O. (2011). The dual neuroprotective–neurotoxic profile of cannabinoid drugs. British journal of pharmacology, 163: 1391-1401.

Solowij, N. (2006). Cannabis and cognitive functioning. Cambridge University Press.

Voth, E. A., & Schwartz, R. H. (1997). Medicinal applications of delta-9-tetrahydrocannabinol and marijuana. Annals of Internal Medicine, 126(10), 791-798.

Welch, S. (2005). The neurobiology of Marijuana. En J.H. Lowinson, P. Ruiz, R.B. Millman & J.G. Langrod (Compd.) Substance Abuse. Philadelphia, E.U.A.: Lippincott Williams & Wilkins.